La violencia política que vivió nuestro país entre 1980-1995, ha
dejado secuelas tanto materiales como psicológicas, los sentimientos
de miedo, rabia, inseguridad e impotencia han sido guardados por las
personas, los llevan dentro y ello muchas veces inhibe su capacidad
de imaginación para construir salidas creativas que les permitan
enfrentar las situaciones difíciles. A nivel comunitario tenemos que
se deterioraron o resquebrajaron las redes de soporte social; muchos
dirigentes fueron detenidos, desaparecidos o muertos. Hablar de
organización tanto en las zonas rurales como urbanas era como hablar
de terrorismo. Muchas comunidades y organizaciones, se desarticularon
y dejaron de ser soporte de sus miembros.
Por eso nuestra institución decidió trabajar el tema de salud mental
desde una intervención comunitaria, por la magnitud del problema, la
escasez de profesionales de la salud en las zonas de intervención y
porque buscamos reconstruir y/o fortalecer las redes de soporte
social. En 1992 iniciamos el "Programa de Atención en Salud Mental
Infantil" - PASMI, conformando, capacitando y acompañando Equipos
Locales de Salud Mental Infantil, en Ayacucho, Abancay, Pucallpa,
Sicuani y Tarapoto. Estos equipos luego de un proceso de formación y
capacitación; detectan, capacitan y acompañan promotores comunales
para que acompañen grupos de niños en sus comunidades.
Nuestra población objetivo eran los niños porque los consideramos los
más afectados y vulnerables. Sin embargo en el desarrollo del trabajo
constatamos que los miembros de los equipos locales también habían
sido afectados. Por ello fue necesario propiciar la recuperación
emocional de estos adultos, pues no era posible que una persona que
ha sido afectada se involucre en un trabajo de acompañamiento y ayuda
a niños, si antes ella no ha procesado lo vivido.
Este proceso de formación y recuperación de los miembros de los
equipos locales, lo hemos sistematizado en el documento "Hilando
Sueños y Sentimientos" que recoge la experiencia de 6 años de trabajo
del PASMI. Con él queremos contribuir al reconocimiento de la
necesidad e importancia del trabajo en salud mental, para ayudar a
las personas a expresar y procesar las experiencias vividas. Pues
sólo así serán posibles el perdón y la reconciliación y sólo de esta
manera podremos emprender en las comunidades afectadas un verdadero
proceso de pacificación y desarrollo integral y contribuir para que
situaciones como las que nos han tocado vivir, no vuelvan a repetirse.